Cap. 40: Un beso inesperado.
Dos horas después, Renata finalmente decidió bajar. Se arregló con calma, asegurándose de lucir impecable, y se dirigió al vestíbulo del hotel. Al llegar, encontró a Vittoria esperando en un sillón de cuero, con las piernas cruzadas y un aire de incomodidad que no lograba ocultar.
—Señora Bellucci, discúlpeme por la espera. —Renata le dedicó una sonrisa medida—. Estaba en una videollamada importante de negocios.
—No se preocupe —respondió Vittoria rápidamente, poniéndose de pie—. Entiendo que l