Ángelo salió detrás de ella, ajustándose el saco mientras intentaba recomponerse. El silencio entre ambos era denso, cargado de emociones que ninguno parecía dispuesto a verbalizar.
Renata se detuvo en el pasillo frente a la sala de juntas y, sin volverse, habló con un tono cortante.
—No vuelva a besarme.
Ángelo, sorprendido por lo directo de sus palabras, se quedó inmóvil por un segundo antes de responder con calma.
—Lo sé. No debí hacerlo.
Renata giró sobre sus tacones, enfrentándolo con la m