El refugio de Gramercy Park era el escenario perfecto para realizar los trabajos de inteligencia necesarios para encerrar a la fiera: Anya Myers. El rebote de las cuentas fue el primer golpe en su contra. En un escritorio semirredondo, todas las máquinas con tecnología de punta zumbaban con una eficiencia cegadora. George y Kirill trabajaban en una sincronía perfecta, como dos engranajes de una maquinaria diseñada para la destrucción de un solo objetivo que tenían en la mira, como un par de mil