Cusco los recibió con un calor que, si bien era sofocante, era lo que realmente necesitaban luego de haber pasado por el gélido frío de Vancouver. En la ciudad no había aeropuertos privados, por lo que se vieron obligados a registrarse en el internacional para no levantar sospechas.
Valeria se sentía, luego de la conversación con George, un poco más tranquila sabiendo que estarían por un tiempo lejos de Manhattan. Al hablar con Elena, su madre, y preguntarle por su padre, se puso muy contenta.