El recorrido los llevó hasta lo alto de una montaña en los bosques de Vancouver. Allí, sobre el manto blanco, se notaba perfectamente el rastro que había dejado el helicóptero al despegar, una marca circular y quemada que contrastaba con la nieve. El frío azotaba con una fuerza implacable, calando hasta los huesos pese a que todos llevaban los abrigos tácticos adecuados. Leonid se alejó del grupo, investigando el relieve del terreno con la precisión de un rastreador. Se quedó en silencio, obser