Anya Myers caminaba de un lado a otro dentro de su lujoso apartamento, los pensamientos intrusivos acosaban su entendimiento y esto le impedía concentrarse adecuadamente y a la vez despertaba una necesidad sádica de asesinar. Destrozaba con sus tacones de diseñador la finísima alfombra de seda al pisarla con la furia que le producía no tener el control de todo a su alrededor. Una rabia que era como un ácido, corroía sus entrañas al darse cuenta que Leónid la ignoraba, no respondía sus llamadas