Helen y Mónica no pudieron evitar mirar al juez con preocupación.
Querían ganar, sí, pero se sentirían humilladas si lo lograban de esa manera.
Hanna dejó su violín a un lado y respiró profundamente, esperando el veredicto con una sonrisa confiada.
El juez tardaba demasiado en tomar una decisión.
Antes de la competencia, Fiona le había advertido discretamente que la rival de Celeste sería Hanna. Y que, si no quería ofender al Grupo Pound, lo mejor sería dejar que Hanna ganara.
El juez sol