Sofía entré despacio a su oficina. Vicente estaba de espalda. Mirando por la ventana.
—¿Señor Rivas? —preguntó, y él no contestó. Solo se dio la vuelta sin mirarla, se dirigió a la puerta, la cerró despacio. Miró el pomo unos momentos, y decidió cerrarla con seguro. Él se reclinó de la puerta y la observó intensamente.
—¿Está bien? —preguntó Sofía luego de dar un par de pasos hacia él.
Vicente no contestó, respiró profundo y se acercó lentamente sin dejar de mirarla como un león a punto de at