Preguntas futuras.
Sebastián se quedó inmóvil un segundo más, con los ojos clavados en Kateryn, pero la presión de Valeria en su brazo era el recordatorio de su realidad.
—Seb, tenemos la cita con el decorador. No podemos llegar tarde otra vez —insistió Valeria, con una sonrisa que no lograba ocultar su impaciencia.
—Está bien. Vámonos —masculló él, recuperando su máscara de frialdad a regañadientes. Se giró sin despedirse, pero Kateryn sintió su mirada quemándole la nuca hasta que las puertas se cerraron.