La desaparición

Atina

Alisté mis cosas para el viaje a San Pedro. La emoción vibraba en cada fibra de mi ser.

Finalmente, y tras varios meses estresantes, las cosas estaban yendo bien de nuevo.

Sonreí mientras me probaba la playera de la banda que me había regalado Regina.

Ella había sido muy buena conmigo desde que nos conocimos, y cada vez me sentía más en confianza. Lo mejor de todo era que conforme pasaba el tiempo, Regina se veía más animada.

A veces veía a William contemplándola, sonriente. Él no  me lo decía, pero yo sabía lo mucho que le angustiaba la salud de su madre.

Eso me recordó a mi propio padre. Hacía meses que apenas hablaba con él. Evadía mis preguntas, y actuaba como si estuviera profundamente avergonzado por lo sucedido con esos hombres. Lo cierto es que no había vuelto a saber de esos

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