POV: Vivienne
El Tribunal de Familia de La Haya no era un lugar diseñado para las emociones desbordadas. Era un edificio de vidrio, acero y hormigón pulido, tan frío y aséptico como la justicia internacional que prometía impartir. El aire acondicionado zumbaba con una eficiencia silenciosa, reciclando el aire viciado por años de disputas conyugales y tragedias domésticas.
Vivienne Delacroix-Salib estaba sentada en la sala de espera privada número cuatro.
Sus manos, enfundadas en unos guante