POV: Zara
El panel de control principal de Z-SEC Global parecía un árbol de Navidad en pleno cortocircuito.
Pero las luces rojas que parpadeaban en los seis monitores curvos no anunciaban regalos. Anunciaban embargos.
Zara Okonkwo-Silva se reclinó en su silla de cuero ergonómica, girando un bolígrafo entre sus dedos con una calma que contrastaba con el caos digital frente a ella.
—Adiós, Islas Caimán —murmuró, viendo cómo una barra de progreso llegaba al 100%.
En la pantalla, apareció un sello digital: ACTIVOS INCAUTADOS - INTERPOL.
—Adiós, Zúrich —dijo, mirando el monitor de la izquierda.
Otro sello: CUENTA BLOQUEADA - TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL.
—Y adiós, Singapur.
El último bastión. La cuenta secreta que Khalid llamaba "El Fondo del Apocalipsis". La que pensaba usar para huir a Montenegro.
Zara tecleó un comando final. No para robar el dinero. Ella ya no necesitaba robar.
Solo para iluminarlo.
Para ponerle un foco gigante y decirle a las autoridades fiscales de tres continentes: