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Levy.
Estoy desconcertado, al tiempo que me falta el aire, solo de pensar la manera en que he perdido a Ana, quien se acaba de tirar por el abismo, en búsqueda de nuestro pequeño.
No, no me permitiré volverla a perder, así que tomo impulso para lanzarme, sin importarme qué sucederá después.
― ¡Espere, mi alfa! ―alguien me coloca la mano en el hombro para detenerme―estoy seguro de que la señora Ana no querría que la siguiera―me advierte Amadeo y tiene razón.
― ¿En dónde está Levan? ―le pido