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Ana.
― ¿Estás triste, mamá? ―me dicen mis hijos, al ver cómo he quedado de descompuesta, luego de que se ha ido Calel.
―El tío Calel te comprará un helado y te sentirás mejor―me aseguran y yo respiro profundo.
Pero, no puedo contestarle y me voy directo a la casa, para que no me vean llorar, y ahora estoy en la cocina, y mis lágrimas salen a raudales, pensando en el peligro que se encuentran mis hijos con Calel cerca.
"¡Venganza contra Casius, venganza contra Casius!", sus gritos retumban e