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Ana.
―Por supuesto que no―le espeto muy indignada por sus acusaciones―pero ahora no estoy sola y eso deberías de entenderlo―le recalco y él ahora se ríe muy irónico.
―De eso es de lo que hablo, esa actitud sumisa, todo por causa de tus hijos―me acusa con rabia en la voz―a Casius no le importará nada cuando venga por ti, y estoy seguro de que no le temblará la mano, cuando le haga daño a tus queridos bebés, eso te lo puedo jurar―trata de persuadirme, lo cual hace que se me haga un nudo en la