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Ana.
En cuanto se va Levy con el imbécil de su primo, pongo a mis hijos a buen resguardo. Hoy dormiré con ellos, y no me importa lo que piense el mundo entero, si estoy durmiendo en la misma habitación que el alfa o no, puesto a que ellos solo me tienen a mí… bueno, eso ya no es cierto y debo reconocerlo, a pesar de todo.
Lissander y esa tal Claudia deben pagar por lo que hicieron.
De pronto, escucho que alguien toca a la puerta de la recámara y voy de inmediato a atender.
―Mi Luna, el alfa