Capítulo Veintiuno
Bastian esperó hasta que la respiración de Nara se volvió estable. Los ojos de la mujer estaban cerrados con fuerza y su cuerpo ya no parecía tenso. Se inclinó un poco para asegurarse de que el pulso en su muñeca fuera normal.
—¿Nara? —susurró suavemente.
No hubo respuesta. Solo una respiración tranquila. Entonces Bastian se levantó despacio, apagó la luz principal —dejando encendida la lámpara tenue de la mesilla— y caminó hacia la puerta. Antes de salir, se giró una vez más