Perspectiva de Ella
El karaoke había terminado, pero la noche no. Ni de lejos.
La sangre me latía con fuerza y el cuerpo lo sentía ligero, cálido, como si flotara. Estaba viva. Estaba libre. Y por unas horas —benditamente felices— me había olvidado por completo de Alexander y de todo lo demás.
Hasta que él entró y lo arruinó todo.
Lo vi en el momento exacto en que cruzó la puerta. Su cabello rojo y su presencia impecable eran imposibles de ignorar incluso con la luz tenue del lugar. Pero aparté