Antes de poder pensarlo mejor, me lancé hacia delante y estampé a Gabriel contra la pared, con el antebrazo presionando su garganta.
—¿Estabas espiando a mi pareja? —gruñí, dejando que mis colmillos descendieran peligrosamente—. ¿Entraste en nuestro dormitorio sin llamar y la viste en ropa interior?
Los ojos de Gabriel se abrieron de par en par.
—N-No, no fue así. Te estaba buscando y la puerta estaba…
—Cerrada —terminé por él—. La puerta estaba cerrada y tú la abriste sin permiso.
Gabriel tragó