Casi me reí de lo absurdo de todo aquello.
Alexander nunca había mostrado el más mínimo interés en verme desnuda. Llevábamos cinco años casados y jamás habíamos tenido sexo; ni siquiera nos habíamos besado antes de aquella conferencia de prensa.
Aun así, mientras deslizaba los dedos sobre la suave tela sedosa, no pude evitar sentir una pequeña punzada de curiosidad.
Hacía años que no usaba algo así.
No desde los primeros tiempos de nuestro matrimonio, cuando todavía era lo bastante tonta como pa