—Gracias —murmuró Tony, tomando el pañuelo que le habían tendido y limpiándose la nariz—. Gracias por perdonarnos. Sé que no lo merecemos, pero... gracias.
Asentí.
—Entonces prométanme algo. Si encuentran algo en mi sangre que pueda servir para ayudar a otras personas, háganlo. Úsenlo para eso. Para ayudar de verdad. No para experimentar conmigo ni para... cualquier otra cosa.
Tony sostuvo mi mirada.
—Te lo prometemos, Ella. Esta vez vamos a hacer las cosas bien. Nada de secretos. Nada de mentir