Perspectiva de Ella
Desperté al sonido de unos gritos. Me incorporé, desorientada, y descubrí que estaba sentada sobre una piedra fría y extrañamente familiar.
El acantilado.
Tenía debajo rocas oscuras e irregulares. Sobre mi cabeza, las nubes de tormenta se arremolinaban con violencia, mientras un resplandor verde y enfermizo emanaba desde las profundidades.
Me puse de pie de golpe y me asomé por el borde. Y allí estaba. El mar de almas.
Se retorcían y agitaban unas sobre otras, una masa interm