El club estaba oscuro. Oscuro a propósito, me di cuenta.
La iluminación era tenue y rojiza, palpitando a nuestro alrededor como llamas vivas. Quizá era por el color de las luces, quizá por el alcohol que ya empezaba a nublar mis sentidos, o quizá por ambas cosas, pero apenas podía distinguir los rostros de las personas que me rodeaban.
Y quizá precisamente eso era lo que hacía que aquel lugar resultara tan atractivo.
Había algo misterioso en el anonimato. Una sensación de libertad, de poder ser