Tomé la taza de té entre mis manos y bebí un sorbo.
El líquido caliente me quemó la lengua, pero agradecí esa pequeña molestia. Al menos me daba algo en lo que concentrarme. Algo que no fuera esa sensación insoportable de impotencia que me estaba consumiendo por dentro.
—No voy a rendirme —murmuré.
Apreté la taza con más fuerza.
—Todavía no. Liam me pidió que siguiera buscando, así que lo haré hasta que él esté...
La palabra quedó atrapada en mi garganta. No podía decirla. No podía decir muerto.