Perfecto.
Sophia detuvo el auto a un lado de la carretera y bajó la ventanilla. El renegado levantó la mirada al escucharla.
—Parece que necesitas ayuda —dijo ella con una voz dulce, casi encantadora.
El hombre se acercó con cautela al vehículo. Tenía la ropa sucia y desgastada, las uñas llenas de mugre y una expresión desconfiada.
—¿Qué clase de ayuda? —preguntó.
Sophia abrió su bolso y sacó un grueso fajo de billetes. Lo levantó lentamente, asegurándose de que él pudiera verlo bien.
Los ojos d