—Crees que has ganado —dije.
Las palabras salieron atropelladas. No tenía ni idea de qué estaba diciendo, pero necesitaba mantenerlo hablando. Necesitaba ganar tiempo.
—Crees que me lo has quitado todo, pero te equivocas.
Tragué saliva y pensé en mi madre. En el calor que sentía en el pecho, mucho más intenso desde que había absorbido su espíritu.
—Mamá siempre estuvo ahí para mí. Incluso después de morir. Incluso cuando no podía decirme quién era. Nunca dejó de protegerme, nunca dejó de quererm