Mikel y su hijo llegaron pronto a casa. El niño entró tarareando una canción y pasó, por un lado, de Astrid sin siquiera verla.
— ¡Matthew! — la mujer casi chilló cuando lo vio pasar por su lado e ignorarla — ¿No se te olvida algo?
El niño se dio la vuelta para saludar.
— Buenas noches, Astrid.
— Pensé que te había comido la lengua el gato, ¡Esos no son los modales que te hemos enseñado!
— Disculpa, no te vi… — el niño trató de disculparse, pero la mujer seguía manteniendo una expresi