—¿Vas a calmarte? — Isabella preguntó sin aflojar su agarre un solo centímetro.
James levantó ambas manos en señal de rendición.
—Voy a soltarte lentamente — ella dijo con tiento mientras aflojaba su brazo. El hombre se llevó la mano al cuello y respiró hondo, mirándola con expresión incrédula.
—Es la segunda vez que mientes hoy — reclamó.
—No te he mentido, pensé que sabías que pasaba mucho tiempo entrenando en la cárcel, se supone que me investigaste, ¿Qué tu madre no te lo dijo?
Él negó con