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5. La verdad empieza a salir a la luz

Aquella noche, después de terminar la llamada con Daniel, Steffy se recostó en la silla. Su corazón latía más rápido de lo normal. Sabía que la conversación del día siguiente con Martha podía cambiar por completo su vida. Pero aún había un gran obstáculo frente a ella: el resultado de la prueba de ADN.

Con las manos temblorosas, tomó el teléfono y marcó el número de su madre. La llamada fue contestada y, al poco tiempo, escuchó la dulce voz de Nadine.

—¿Steffy? ¿Qué ocurre, cariño? Te noto muy inquieta.

Steffy tragó saliva.

—Mamá... necesito tu ayuda. Por favor, habla con Evelyn. Necesito el resultado de la prueba de ADN. Daniel no nos llevará a ver a su madre sin esa prueba.

Al otro lado de la línea reinó el silencio. Nadine respiró profundamente.

—Evelyn... —murmuró con una voz cansada—. Sabes que la situación entre ustedes dos está muy tensa en este momento. ¿Estás segura de que este es el momento adecuado?

—No tengo otra opción, mamá. Toda la verdad sobre mi origen está en manos de Evelyn. Si no llevo esa prueba, la señora Martha quizá no nos diga toda la verdad.

Nadine bajó la mirada, aunque Steffy no podía verla. En el fondo sabía que su hija tenía razón. Le gustara o no, esa misma noche tendría que enfrentarse a Evelyn.

—Está bien —respondió finalmente—. Lo intentaré. Tú descansa. Déjame a mí hablar con tu hermana.

En la residencia de la familia Willson, una imponente mansión donde aún flotaban las sombras de tantos secretos, Nadine subió lentamente las escaleras. El suave sonido de sus tacones sobre el mármol resonaba con fuerza en sus oídos.

Se detuvo frente a la puerta del dormitorio de Evelyn. Desde el interior llegaba una música tenue.

Respiró hondo antes de llamar.

Toc... toc...

No obtuvo respuesta.

Llamó una vez más, esta vez con un poco más de fuerza.

—¿Evelyn? Soy mamá.

Unos segundos después, la puerta se abrió.

Evelyn permanecía en el umbral. Su rostro reflejaba agotamiento y sus ojos seguían hinchados por la discusión que había tenido con David.

—¿Qué pasa, mamá? ¿A estas horas...? —preguntó con voz apagada.

Nadine le dedicó una leve sonrisa, intentando conservar la calma.

—Quiero hablar contigo. ¿Puedo pasar?

Evelyn la observó durante unos instantes, como si estuviera evaluando sus verdaderas intenciones. Finalmente, se hizo a un lado.

Nadine entró y la puerta volvió a cerrarse.

La habitación estaba desordenada. Había ropa tirada sobre una silla y varias botellas de agua vacías sobre el tocador.

Evelyn volvió a sentarse al borde de la cama mientras jugueteaba distraídamente con su cabello.

—Dilo de una vez, mamá. Sé que esto es por Steffy, ¿verdad? —preguntó con evidente sarcasmo.

Nadine guardó silencio un instante antes de sentarse en una silla cercana.

—Sí. Steffy necesita el resultado de la prueba de ADN. Por favor, entrégaselo, hija. Es muy importante.

Evelyn soltó una risa despectiva y entrecerró los ojos.

—Claro. Todo gira siempre alrededor de Steffy. Todo es porque ella es importante. ¿Y yo? A nadie le importa. Ni siquiera a ti. Has venido esta noche solo para pedirme algo por ella.

—Evelyn... —Nadine intentó tomarle la mano, pero ella la retiró de inmediato—. Me importas. Las quiero a las dos.

—¿De verdad te importo? —respondió Evelyn con una sonrisa amarga—. Si fuera así, también pensarías en mí. Mi vida es un desastre, mamá. Lo sacrifiqué todo por David. ¿Y qué recibí a cambio? Traición. Rechazo. Ahora solo quiero una cosa: que papá apruebe mi matrimonio con David. Eso es todo.

Nadine permaneció en silencio.

Las palabras de su hija fueron como un cuchillo atravesándole el corazón.

Sabía perfectamente que Hendry jamás aprobaría una relación que había nacido de una traición.

—Evelyn... —Su voz tembló—. Entiendo cómo te sientes. Sé que estás sufriendo. Pero casarte con David no solucionará nada. Esa relación nació del dolor, no de un amor sano.

—¡No actúes como si lo supieras todo, mamá! —gritó Evelyn mientras las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas—. ¡Lo amo! ¡Lo necesito! Si quieres que te entregue el resultado de la prueba de ADN, entonces demuéstrame que estás de mi lado. Habla con papá. Convéncelo. Quiero que acepte a David, pase lo que pase.

Nadine quedó inmóvil.

En la mirada de Evelyn había una negociación evidente.

No pensaba entregar aquella prueba tan fácilmente.

—Evelyn... —dijo intentando mantener la calma—. No puedo prometer algo imposible. Tu padre jamás aceptará a David. No porque no te quiera, sino porque se lo arrebataste a tu propia hermana.

Evelyn soltó una risa vacía mientras levantaba la vista hacia el techo.

—Siempre es igual, ¿verdad? Todos creen saber qué es lo mejor para mí. Pero nadie sabe lo que se siente siendo yo.

Nadine sintió que el pecho se le oprimía.

Se levantó lentamente, caminó hasta su hija y la abrazó, aunque Evelyn intentó resistirse al principio.

—Hija mía... haré todo lo que esté en mis manos. Hablaré con tu padre. Intentaré ablandar su corazón. Pero no permitas que el rencor o la desesperación destruyan tu futuro. Mereces ser feliz, Evelyn... pero no de esta manera.

Aquel abrazo terminó rompiendo algo dentro de Evelyn.

Comenzó a llorar desconsoladamente.

Por un instante, el muro de odio que había construido durante tanto tiempo pareció derrumbarse.

Sin embargo, cuando logró calmarse, apartó suavemente a su madre.

—Entonces demuéstramelo, mamá —dijo con una voz mucho más tranquila, aunque todavía exigente—. Demuéstrame que estás de mi lado. Pensaré en entregarte el resultado de la prueba de ADN... cuando vea que papá realmente ha cambiado.

Nadine la contempló durante un largo momento.

Sabía que aquella promesa no sería fácil de cumplir.

Pero el tiempo se agotaba.

Al día siguiente, Steffy necesitaba esa prueba.

—Lo intentaré —respondió finalmente, aunque en el fondo sabía que aquella apuesta podía desatar una tormenta aún mayor.

La noche avanzó.

Nadine regresó a su habitación con el corazón inquieto.

Su esposo ya dormía profundamente, pero ella era incapaz de cerrar los ojos.

Las palabras de Evelyn seguían resonando una y otra vez en su mente.

¿Sería realmente capaz de convencer a Hendry?

¿Podría ayudar a sus dos hijas sin tener que elegir entre una y otra?

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.

Nadine comprendía que el día siguiente no solo sería decisivo para Steffy.

También podía determinar el destino de Evelyn... y el futuro de toda su familia.

Mientras tanto, en otra habitación, Evelyn permanecía sentada al borde de la cama, con la mirada fija en un sobre marrón oculto en el fondo del cajón de su tocador.

Dentro seguía guardado, intacto, el resultado de la prueba de ADN.

Su mano tembló al rozar el sobre.

En el fondo sabía que aquel documento podía destruirlo todo...

o convertirse en la herramienta de negociación más poderosa que hubiera tenido jamás.

Sus ojos brillaron con determinación.

—Si todos ustedes quieren conocer la verdad... entonces me aseguraré de obtener lo que me corresponde —murmuró en voz baja, con una voz que temblaba entre las lágrimas y la firmeza.

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