—¡Escuchad! —El Rey Benito se encontraba de pie bajo el sol del atardecer, su figura destacaba contra el resplandor dorado. La suave luz del ocaso proveía de un brillo etéreo a su rostro.
—A partir de este momento, la General Isabella será vuestra subcomandante. En el campo de batalla de los Llanos Fronterizos del Sur, obedecerán sus órdenes. Si os ordena avanzar, avanzaréis, si os ordena morir, morirán. No se admiten desobediencias.
—¡Sí! —respondió la multitud de voces con una fuerza que reso