De vuelta en el campamento, Isabelita ya había logrado contener todas sus emociones.
Aunque había sido ascendida a capitana, aún compartía la pequeña tienda con Luna y los demás. Solo habían recibido un par de mantas nuevas enviadas desde Torres.
Como Pan y Palo eran hombres, levantaron una cortina en medio para mantener algo de privacidad. Todos tenían algún que otro rasguño, pero nada grave. Sin embargo, el frío intenso hacía que el dolor se sintiera más fuerte que de costumbre.
Isabella repar