—Cuando llevaba treinta pasados por el frio de la espada, dejé de contar —dijo Isabelita, levantando con esfuerzo el brazo. Sentía que su lanza pesaba una tonelada. La guerra era agotadora de verdad.
—Yo conté cincuenta —dijo Pan, intentando levantarse con un salto elegante. Pero apenas se levantó, cayó de nuevo al suelo. Su arma era una espada, pero la perdió en medio de la batalla. Acabó peleando a puñetazos y patadas, y solo al final logró recuperar su espada.
Estrella, con voz apagada, comen