Al atardecer, Desislava buscó a un sirviente para que le pidiera a Theobald salir a dar un paseo.
Los dos caminaban en silencio a la orilla del lago, y Theobald. Desislava aún no sabía lo que había sucedido; pensaba que, al haberlo citado, él le contaría acerca del divorcio. Sin embargo, él le respondió con un silencio sepulcral, y además ella pudo percibir que su rostro habia sido arañado.
Después de caminar un rato, ella se detuvo y no pudo evitar preguntarle:
—¿El divorcio ya fue consumado? ¿