Cuando Angeles se marchó, Isabella llamó a doña Filomena para que le trajera también un poco de sopa.
Angeles tenía la garganta débil, y el sereno siempre le causaba molestias. En el pasado, Isabella le había enviado mucha de esa sopa.
Ella intentó rechazarlo, pero Isabella utilizó su propio argumento para contradecirla:
—Si no lo quieres, es porque me desprecias, entonces no puedo aceptar nada de ti.
Dicho esto, comenzó a pedirle a doña Filomena que devolviera los brazaletes de oro.
—¡Ay eso ni