Doña Filomena entró con un tazón de sopa de pichón que tanto le gustaba a Angeles, y sonriendo le dijo:
—Doña Angeles qué suerte tiene usted, hacía días que no cocinaba paloma, justo hoy que lo preparé, ¡usted llega!
Ella decía esto de manera poco sincera, pues en realidad se cocinaba todos los días, y era para Raulito, como parte de la medicina que le daban para fortalecerlo.
La familia Conrado había llevado una gran cantidad de palomas, el mayordomo de Benito también envió muchas, y Eduardo c