Isabella levantó los ojos, con las pestañas humedecidas por las lágrimas, y dijo:
—De todos modos, esta deuda la guardaré por siempre yo en mi corazón. No importa lo que me pidas en el futuro, mientras no sea algo inmoral, lo haré todo por ti.
Benito respondió con seriedad:
—No necesito que hagas nada por mí. Si en verdad quieres hacer algo, solo vive bien, vive feliz, y vive con alegría. Eso será el mayor consuelo para tu familia que ya no está contigo.
Su corazón se conmovió, y una lágrima sol