Ella parpadeó y dijo:
—¿Entraste antes al templo cierto?
El apuesto rostro de Benito se tensó al instante. Giró el rostro y, con un gesto de cabeza testaruda, respondió:
—No soy un discípulo del Templo del Conocimiento. Mi maestro siempre me ha dicho que soy su discípulo personal, no del templo.
Ella sonrió, con los ojos brillando de alegría.
—Esas palabras son solo autoengaño. Mi tío es del Templo del Conocimiento, y tú eres su discípulo. ¿Cómo no ibas a pertenecer al templo?, ¿cuándo entraste