Finalmente, al alojarse en una posada, cuando Benito extendió la mano para ayudar a Isabella a bajar del carruaje, Raulito reunió todo su valor, bajó del vehículo temblando y se colocó entre ambos, extendiendo los brazos para proteger a su tía. Su mirada estaba llena de hostilidad hacia Benito.
Raulito temblaba de pies a cabeza; sus delgadas piernas parecían incapaces de sostenerlo y sus labios temblaban mientras emitía sonidos ahogados para intentar alejar a Benito.
Benito e Isabella intercambi