—Pero ella la invitó y no vino, ¿quién sabe qué disparates dirá después? Así que, aguantando el enojo, la seguí también.
Al escuchar que estaban hablando de Isabella, la Reina Madre escupió.
Por suerte, todavía nadie sabía que esa mujer estaba a punto de casarse con Benito. Si lo supieran y además doña Catalina encabezara las habladurías, ella no tendría dónde esconder la cara.
Se sentó a un lado; Catalina la ignoraba a propósito, y ella no tenía ánimo de iniciar una conversación. Sin embargo, f