Isabella entró, y fue el centro de atención.
Muchas esposas de oficiales y damas ya la habían visitado, pero al verla vestida con elegancia sencilla, su belleza sin igual no podía ocultarse, más bien la hacía parecer aún más etérea y distinguida.
El suave carmín en sus labios realzaba la lozanía de su piel, y sus mejillas blancas como jade relucían naturalmente. Apenas había perfilado sus cejas, y un ligero toque de verde en los lóbulos de las orejas le daba un brillo primaveral, realzando aún m