Ella yacía en el diván imperial, llena de odio hacia Isabelita. Su criada la señora Guadalupe la consolaba a su lado:
—No se aflija, Reina Madre. El príncipe siempre ha sido alguien con sus propias ideas. Ahora solo está momentáneamente deslumbrado por el encanto de Isabelita. Se dice que su cara es la más hermosa de la capital. Cuando doña Díaz de Vivar quiso casarla, no fueron pocos los nobles que acudieron a pedir su mano. Nadie entiende cómo terminó casada con Theobald. Fue realmente un info