—¡Que estupidez nos trae la vida! —Ángeles golpeó la mesa con furia, mientras la tenue luz del segundo pasillo iluminaba su rostro enojado.
Gustavo y su señora bajaron la cabeza sin atreverse a decir una palabra, recibiendo la reprimenda en silencio.
—¿Con qué cara esperan que vaya a la Villa Duque Defensor del Reino? ¿Y díganme ustedes cómo podría presentarme ahí? ¿Acaso debo decirle a Isabella que Theobald se arrepintió, que trajo a casa a una esposa violenta que golpeó a su suegro y que en es