Constanzitaa se asustó con la mirada feroz de Desislava, dio un paso atrás y cayó sentada al borde de la cama. Comenzó a llorar desconsolada.
—Madre, ¡ella se atrevió a pegarme! —lloró, buscando consuelo.
Al ver que su hija, la más querida había sido golpeada, la vieja Rosario se enfureció.
—Theobald, contrólala.
Theobald, de pie frente a Desislava, mostró una expresión agotada, como si cada fibra de su ser reflejara el cansancio que lo abrumaba.
—¿Cómo pudiste hacerle eso a mi hermana? Si dijo