La vieja Rosario torció la jeta en disgusto. Cien reales de oro no eran poca cosa, pero ellos habían ido al campo de batalla no solo por recompensas económicas.
En especial, la vieja Rosario sabía que Theobald tenía muchas posibilidades de ascender militarmente por todos sus logros, pero por sustituir a Desislava y recibir el castigo en su lugar, además de que Desislava había liderado las tropas obstaculizando el avance, el ministerio de guerra lo había premiado y castigado a la vez, lo que dejó