La voz de la Emperatriz Viuda se quebró ligeramente.
Isabella recordaba con claridad que, cuando era niña, solía acompañar a su madre al palacio. En ese entonces, la Emperatriz Viuda todavía era la Reina. Las conversaciones entre su madre y la Reina siempre giraban en torno a un tema: que las mujeres también debían luchar por su propio lugar en el mundo, en lugar de pasar la vida al servicio de los hombres, sin sus propias ideas ni deseos y dejando de lado sus sueños para servir a los sueños del