Doña Rosario seguía reflexionando: si Isabella aceptaba, todo iría bien, pero si se negaba, ¿dónde quedaría pues su dignidad? Después de pensarlo un rato, decidió:
—Será mejor que primero enviemos a la señora Ángeles. Si Isabella se niega, entonces pues lo reconsideraremos acordemente.
Temía perder la cara si iba ella misma. Aunque Isabella finalmente accediera a reconciliarse con Theobald, la vieja Rosario ya no podría mantener su autoridad como suegra. Con una nuera problemática como Desislava