Theobald la miraba en silencio, atónito, sin saber cómo continuar. No había logrado decir lo que tenía en mente, cuando Isabella ya lo había interrumpido.
Claro, ella era la subcomandante de los Halcones de Hierro, una general nombrada por el propio Rey. Cada palabra que salía de su boca era una orden.
Él no tenía muchos hombres a su mando, y esperaba que los Halcones de Hierro le acompañaran en su misión. Su ejército estaba agotado, pero los Halcones de Hierro habían descansado mucho tiempo, y