Los gritos y llantos en el estanque resonaban sin cesar, como un infierno en carne viva.
Con las manos temblando como hojas, saqué el teléfono; la grabación seguía activa. En la pantalla, mi compañera tenía una expresión de terror absoluto, tapándose la boca mientras las lágrimas le corrían por las delicadas mejillas.
Bajé la cabeza para escribir: [Llama a la poli, pide ayuda…]
Ni siquiera alcancé a terminar cuando una patada brutal me mandó volando. Rodé por el suelo un par de veces antes de qu