Me quedé sin palabras, sin saber cómo responder.
El rostro de Javier se fue ensombreciendo como un cielo antes de la tormenta.
Mordí mi labio, sintiendo cómo los nervios me consumían por dentro mientras mi mente daba vueltas y vueltas buscando la excusa perfecta.
Quizás podría echarle toda la culpa a ese hombre, diciendo que intentó violarme.
Al fin y al cabo, con la noche tan oscura y el viento en contra, aunque hubiera cámaras, difícilmente se grabaría lo que realmente pasó.
Pase saliva, armán