Flint se sintió un poco triste y sombrío, como si hubiera mordido un limón ácido. La amargura casi lo hizo derramar lágrimas.
Abrió la puerta del coche y reprimió sus emociones. "Entra", dijo con una expresión seria.
Adina abrió la puerta de su lado y se sentó en el asiento del copiloto, y Flint condujo en silencio hacia la Frontera de Hestia.
Era una ciudad pequeña y poco avanzada. Incontables pecados estaban enterrados bajo sus edificios, e innumerables personas de todo el mundo desaparecie